De entre la numerosa lista de novedades con la que Audemars Piguet nos ha sorprendido en este inicio del 2026, el Neo Frame Jumping Hour ha sido, con diferencia, el que más me ha llamado la atención. En él se conjuntan una serie de características a priori antagónicas, una encrucijada que Audemars Piguet ha resuelto de forma admirable.
Audemars Piguet Nº 38607 (1929) subastado por Phillips en 2022
Es importante recalcar el legado histórico de Audemars en relojes con Horas Saltantes y minutos por ventanilla, como el reloj de bolsillo tipo Lépine con número de movimiento 36506. En 1921, presentó con estas mismas indicaciones el reloj con número de movimiento 39894, una primicia mundial de reloj de pulsera con Horas Saltantes. En 1929 aparece el denominado pre-model 1271, en el que se basa esta reedición y del que se inspira para el diseño de su peculiar y fascinante caja.
Antes de iniciar este análisis, es lógico entrar en el raro hecho de que Audemars Piguet presente tal número de novedades, algunas de primer orden, cuando precisamente este año, por fin, participará en el salón ginebrino Watches and Wonders, del que quedan poco más de dos meses para su inauguración. Una consulta efectuada a altos cargos de la marca nos ha confirmado que efectivamente estas novedades son la que veremos en el salón que se iniciará el día 14 de abril. Aclarado este punto, vamos a proceder con el análisis del Neo Frame Jumping Hour.
Una caja sorprendente
En la época en la que estos relojes “digitales” estaban en boga, imperaba en Europa occidental la corriente artística Art Déco. En concordancia con este estilo artístico, las cajas de relojes “de forma” crecieron exponencialmente después de una época en la que casi todos eran redondos. Dentro de este concepto relojero que se define como “de forma”, que abarca a todas las formas que no son redondas, la rectangular fue la más habitual, y esta es la geometría que sigue la caja del Neo Frame Jumping Hour.
El material elegido es el oro rosa y sus dimensiones son de 34,6 x 34 mm, unas cifras que equivalen casi a las de un cuadrado, cuando visualmente apreciamos un claro rectángulo. La explicación de este fenómeno es que en la medición se incluyen los laterales de la caja, pero no sus extremos, los que realizan la función de asas. Su grosor es de tan solo 8,8 mm, una finura encomiable tratándose de un reloj de carga automática..
A partir de aquí, entramos en la gran particularidad estructural de este reloj, que se inspira en el pre-model 1271. Lo que en un reloj convencional sería la carrura, la parte central de la caja que encierra el movimiento, aquí cumple una doble función, ya que su parte superior constituye la base de la esfera. Las imágenes oficiales no muestran el despiece de la caja, por lo que no podemos afirmar si los laterales de la caja forman parte solidaria de la carrura o son independientes y se fija a ella.
Sea cual sea la explicación, lo que resulta indiscutible es lo asombroso de estas piezas. Resulta difícil imaginar un diseño más original en un elemento, a priori tan simple, como es la carrura de la caja de un reloj. Aun más difícil es describirlo, ya que no conozco ninguna forma geométrica que pueda encajar con él.
El principio estructural es el mismo que el de los Tank de Cartier, en los que, emulando un tanque visto cenitalmente, sus “angarillas” también constituyen las asas que unen la caja a la correa. A lo que no encuentro similitud alguna es al diseño de estos laterales, constituido por una serie de relieves horizontales que recorren toda su longitud y que se estrechan hasta confluir en sus extremos. Lo que no se puede discutir es la exquisitez y voluptuosidad que transmiten estos laterales, que además constituyen una parte muy importante de la personalidad de este reloj.
¿La esfera perfecta?
En la esfera del Neo Frame Jumping Hour es donde se desprende todo el carácter de este Audemars Piguet, tanto desde el punto de vista técnico como del estético. Ello se debe a que estamos ante un reloj que aporta la fascinante complicación de horas saltantes. Además, conjunta esta indicación con la de los minutos por ventanilla, otro rasgo absolutamente atípico. Con este conjunto de características solo se me ocurre señalar al Cartier Tank à Guichets (artículo) como reloj equivalente, ya que muestra de forma equivalente estas dos indicaciones. La gran diferencia es que tanto la caja como la esfera del Tank aportan una estética más industrial que elegante, aunque este tipo de apreciación siempre será subjetiva.
Lo que más impacta de la esfera de este Audemars Piguet es el negro de aspecto lacado de su superficie, que destila sofisticación por su contraste con el oro rosa de la caja y de los marcos de las ventanas de horas y minutos. Este negro profundo se obtiene mediante un tratamiento PVD aplicado al cristal de zafiro que cubre su base.
La forma de las ventanas es exactamente la misma que presentaban los relojes de Audemars con Horas Saltantes de los años 20. A la altura de las 12 encontramos una ventana totalmente cuadrada, a través de la cual se muestran los números correspondientes a la hora. Es importante señalar que el disco oculto en el que se encuentran estas cifras no se mueve de forma continua, sino que realiza saltos instantáneos al paso de cada hora. Aparte de su complejidad mecánica, este tipo de mecanismo es de suma importancia para ofrecer una lectura perfecta de esta indicación.
Simétricamente, en la parte inferior de la esfera encontramos la apertura en la cual se muestran los minutos, en esta ocasión con movimiento continuó. Esta apertura adquiere una geometría de arco, cuyo marco, también en oro rosa, presenta internamente la misma forma de cuña que ya hemos visto en la ventana de las horas. La peculiaridad es que para señalar el minuto exacto, se practica una hendidura en forma de flecha en la zona superior del arco. Esta es una solución geométrica muy habitual en relojes con este tipo de indicación, que resulta tan legible como elegante. A los marcos de ambas ventanas se les aplica un atractivo acabado arenado.
La gran ventaja de los relojes mecánicos digitales (que muestran las indicaciones mediante dígitos) es que ofrecen una legibilidad sin parangón, mucho mayor que la de las típicas indicaciones por aguja. Además, debido a la ausencia de indices y agujas en la superficie de la esfera, presentan una gran nitidez, lo que siempre se traduce en elegancia.
Un movimiento clásico
La espectacular caja del Neo Frame Jumping Hour protege al responsable de su funcionamiento; el Calibre 7122. Audemars Piguet lo califica como el primer movimiento automático con horas saltantes desarrollado internamente en su Manufactura, lo que demuestra la importancia de este Neo Frame. La frecuencia de oscilación de su volante es de 28.800 alternancias por hora y genera una notable reserva de marcha de 52 horas.
Los acabados son tan irreprochables como los de cualquier movimiento manufacturado por Audemars Piguet. Al girar el reloj y observar el reverso del calibre a través del cristal de zafiro del fondo de la caja, es cuando apreciamos la única característica que podría resultar criticable de este reloj. Me refiero a la forma de este calibre, que no es rectangular. Históricamente, en el exclusivo sector de la auténtica Alta Relojería, siempre ha existido una norma no escrita que dicta que la forma del movimiento debe seguir la forma de la caja.
Esta imagen nos descubre que en este caso no se cumple la norma, ya que el calibre es de geometría redonda. Esto lo intenta disimular Audemars Piguet realizando una apertura rectangular con la caras laterales rectas y las de los extremos superior e inferior curvadas. El efecto buscado se cumple, ya que non resulta tan chocante como sería una apertura redonda que siguiera el perímetro. del calibre 7122.
Audemars Piguet no es el primero de los “Grandes” de la Alta Relojería que no cumple este precepto geométrico. Ya lo vimos también en el Cubitus de Patek Philippe, lo que generó polémica entre los apasionados de la marca. La explicación lógica es bastante obvia; un calibre redondo puede adaptarse a un reloj “de forma”, pero un calibre “de forma” no puede adaptarse a uno redondo. Dicho con otras palabras, un movimiento redondo se puede amortizar por su utilización en muchos relojes distintos, mientras que uno de forma queda limitado a su uso en el reloj para el que se ha creado. Si tenemos en cuenta el gigantesco coste de desarrollar un movimiento mecánico de alta gama, la decisión adquiere toda lógica.
Conclusiones sobre el Audemars Piguet Neo Frame Jumping Hour
El Audemars Piguet Neo Frame Jumping Hours es un reloj clásico, vanguardista y elegante. Encontrar estos tres conceptos en un solo reloj es algo realmente insólito, y esto por si soplo ya adquiere una enorme relevancia. Por si fuera poco, no se trata del omnipresente Royal Oak, la gran estrella del catálogo de esta manufactura suiza, en la cual ha volcado la mayoría de sus esfuerzos en las últimas cinco décadas. Dada la importancia que ha tenido este reloj para el mundo de la relojería, marcando un antes y un después, esta concentración es lógica, pero había apartado del primer plano al resto de sus colecciones. Puede que el Neo Frame Jumping Hour insinúe el inicio de una nueva etapa más diversa. De hecho, Audemars Piguet, en el apartado de colecciones de su página web, ha creado una nueva con el nombre de Neo Frame, lo que es tan significativo como esperanzador.
Dejando de lado estas consideraciones, es fácil afirmar que quien busque un reloj elegante del máximo nivel, y que quiera que se aparte de lo convencional en su elementos externos, debe situar muy alto en su lista al Audemars Piguet Neo Frame Jumping Hour. Este reloj se equipa con una correa negra de caucho a la que se aplica un original texturizado que encaja a la perfección con la estética del resto de los elementos externos. Su precio es de 64.900 EUR, una cifra importante, pero que se puede considerar como contenida si tenemos en cuenta todo lo que ofrece este reloj.




































































































